Ya desahuciado, vencido e ignorado por el cariño de
un perro
prepararé mi viaje al otro barrio de casitas blancas.
Una mudada de ropa, medio litro de formalina y
unos destellos de luz, de unos ojos, de un hasta
pronto,
un que te vaya bien, un Dios lo tenga en su gloria.
Serán más que
suficientes.
No pienso irme y dejar una lucha encarnizada sobre
mis bienes y
posesiones, que seguro libraran mis deudos y
los demás seres
que habitan en este éter de ilusiones corpóreas.
Al patrón que me despidió injustamente acusándome de
ladrón,
de fornicar
en su oficina, de reclamar horas extras ,
de cobrar más de lo que me merecía, le dejo:
la angustia de un incendio feroz ,
la sombra del infortunio ganado a buena lid,
unas monedas de países extranjeros que guardo en un
bote de mantequilla,
y una almohada de espinas.
Del semen que derrame en su lustrado escritorio,
convengo en que haga lo que mejor disponga.
Al Amigo que ofendí una vez, le dejo:
escrito en placa de bronce mi mejor sentencia de amistad,
para que fumándose un cigarrillo, discierna entre el perdón y la culpa
¨ Nunca la piedad perdió una batalla ante el error
de una sonrisa´´,
también le heredo las olas del Mar Caspio,
unas
piedritas del lago de Atitlan y mi última
mirada al horizonte.
A mi madre, le dejo: mi mansedumbre, las suelas de
mis zapatos
las grietas de mis manos y un fuerte apretón para que consuele su mano
derecha.
un cajón con los ositos que nunca tuve
la redención en una canción de cuna
y las cosas hermosas que un día soñó.
También las gracias que nunca le di, pero que
siempre guarde en mi corazón.
A mi hijos, les heredo: el esfuerzo por vivir con humildad,
las gotas de lluvia en diciembre,
la luz de cinco luciérnagas, y la paz del vuelo de
las mariposas,
mi colección de música de la Trova,
y un camino azul bordado de jazmines, tréboles y rosas.
Además, podrán disponer de todos mis versos para su buen dormir.
A las mujeres que ame, les heredo: el llanto de la
madrugada en su versión más callada y dolorosa.
La bondad de
una flor amarilla en la ventana y siete suspiros dulces
que he dejado
con el colibrí de la montaña.
Un rizo a cada una de ellas, el cual deberán
reclamar
antes del debido entierro.
También les
dejo la firme convicción de que fueron amadas
sin reparos ni quejas. De todo queda huella y
testigos
como la luna , la tortuosa espera y los latidos
desenfrenados que un día corrieron por sus
tiernos pechos.
Es mi voluntad
que de las flores de mi jardín, se ciñan el pelo cada
una
de ellas, y sea engalanadas con las mejores hierbas
en su manos y pies. Para sus labios, deje , un beso
escondido
debajo de la cama.
Para las personas que no tuve el gusto de conocer:
Les dejo las sincronía de los rayos solares,
30 libros de sociología política
siete tormentas de perfumadas alegrías
y todas las
estrellas fugaces
que puedan atrapar.
A mis enemigos, les heredo:
una carta de navidad, una bolsa grande , dos
hamacas,
un árbol lleno de frutas y toda el agua y jabón
que les borre el pasado. Y dos de mis obras en
acrílico.
Para ti, ensueño que me abrazas
mientras
deliro,
te heredo: un
pilar de entrega granítica , solida y titánica,
mi cajita de papelitos , recibos y noticias.
Las 17 mil foto instantáneas de las que fuimos cómplices,
También te dejo, tres consuelos, y toda la serenidad
que cabe
en la cuarta parte del cosmos infinito.
Hallarás
prendido en la blusa coloradita
un abrazo que
guarde solo para ti.
Como ves, no te dejo ni una sola lágrima,
pues todo he repartido ya.
He decidido que todos los bienes inmateriales
sean de tu total dominio, para que
sola y en la tarde que mejor escojas
tengas a bien arrojarlos a un rio
y corras desesperada a mi encuentro.
Como mi fiel e inseparable compañera.
Eterna, como el recuerdo,
la necesidad
y el amor.
Alejandro Roldan
Autor
12 de marzo de 2015

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