Me encontré con vos
como la revolución con un colegio católico
como niña de buena familia con el espanto de su primera menstruación
como el santo
catecismo con el sencillo llanto humano.
Te encontré, no me
buscabas.
Fue obra del milagro de conservarlo todo.
Ir mas allá de la mera existencia de tu nombre.
Un día comprendí que vos
dejaste de ser el corazón con pesadillas
y fuiste viento conmovido,
y en tus manos se deleita la locura proscrita
con gotitas de colores.
Cuando comprendí que debía buscarte,
abandone la humedad de besos estelares
y busque en el instinto primario ,el creativo, el perverso.
Y ahí estabas al
alcance de mi lengua,
a distancia de un gemido
entre las mariposas
frágiles de un clítoris
cuya flor nocturnal
despide un olor exquisito
como combustión de
poesía.
Semilla de mis delirios escambrosos
como vos
soy contrario a la
doctrina de las buenas costumbres
e irremediablemente culpable
de herir tu espalda con mi abrazo
y dejar expuesto tu desdén por lo critica mordaz de las
violetas.
Alejandro Roldan
20 de noviembre de 2012
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