Ya desahuciado, vencido e ignorado por el cariño de un perro prepararé mi viaje al otro barrio de casitas blancas. Una mudada de ropa, medio litro de formalina y unos destellos de luz, de unos ojos, de un hasta pronto, un que te vaya bien, un Dios lo tenga en su gloria. Serán más que suficientes. No pienso irme y dejar una lucha encarnizada sobre mis bienes y posesiones, que seguro libraran mis deudos y los demás seres que habitan en este éter de ilusiones corpóreas. Al patrón que me despidió injustamente acusándome de ladrón, de fornicar en su oficina, de reclamar horas extras , de cobrar más de lo que me merecía, le dejo: la angustia de un incendio feroz , la sombra del infortunio ganado a buena lid, unas monedas de países extranjeros que guardo en un bote de mantequilla, y una almohada de espinas. Del semen que derrame en su lustrado escritorio, convengo en que haga lo que mejor di...
Versos de autor Salvadoreño.